¡Hola, Dranglers! 🦎✨
Bienvenidos de nuevo a este rincón donde diseño y palabras se encuentran para crear mundos iridiscentes. Estos días han sido complejos (y por días quiero decir meses), ha habido muchos cambios, proyectos que terminar y decisiones que tomar, y Kleur y yo hemos pasado muchas noches pensando en nuestra vida profesional.
Sin embargo, finalmente decidimos dejarnos llevar, pensando que hay que vivir el presente. Nos sentimos seguros sabiendo que venga lo que venga, decidamos lo que decidamos, todo irá bien. ¿Por qué? Porque somos diseñadores, y los diseñadores estamos acostumbrados a tomar decisiones.
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Diseñar es tomar decisiones constantemente.
Colores, formas, jerarquías, silencio, elementos… todo responde a un criterio, un contexto y una intención.
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Cuando el público ve un diseño la mayoría de las veces, simplemente, lo ve. Iba a escribir algo como “lo disfruta”, pero no nos vamos a engañar. Disfrutar de un diseño requiere, en primer lugar, que sea un buen diseño en criterios objetivos; en segundo lugar, que el espectador lo observe, no sólo lo mire; y en tercer lugar, para disfrutarlo realmente hay que saber apreciarlo.
Existe una tendencia a pensar que un buen diseño “sale así”, sin más, que es algo espontáneo, que los diseñadores “se inspiran” casi por arte de magia, y que un buen diseñador sencillamente lo es, por nacimiento. Y, aunque en mi opinión hay algo de verdad en estas palabras, no se trata únicamente de esto. Nada en diseño es casual, aunque lo parezca.
Vengo diciendo que diseñar es realizar actos de elección, aunque muchas de ellas sean invisibles para quien ve el resultado final, pero entender el diseño como un proceso de decisiones es entender su verdadero valor. Diseñar es elegir, y también es renunciar. Cada decisión implica abandonar otras opciones: cuando elijes un color, descartas otro; cuando eliges una tipografía, descartas otra; y cuando escoges qué decir, escoges qué no decir.
Seguro que habría mil combinaciones posibles. Pero ¿sería cualquier combinación una idea acertada?
Design is a plan for arranging elements in such a way as best to accomplish a particular purpose. El diseño es un plan que ordena elementos de la mejor manera posible para llevar a cabo un propósito particular. Charles Eames (1907-1978)
Charles Eames, diseñador estadounidense que contribuyó notablemente a la arquitectura y el diseño de mobiliario, destaca que existe una “mejor manera posible”. Entonces, ¿podría cualquiera decidir con criterio? En mi opinión: no.
Entendemos por criterio: norma, regla, discernimiento o pauta que sirve para conocer la verdad, juzgar o tomar una decisión. Así pues, cualquiera podría tener ciertas nociones sobre cómo organizar los elementos de una buena manera (ya que cualquiera podría decidir basándose en su propio discernimiento), pero no cualquiera sería capaz de llegar a “la mejor manera posible”. Deducimos que, para llegar a ella, se deben conocer todas estas normas y reglas en las que se basa el diseño gráfico y, posteriormente, discernir y analizar para tomar una decisión. Y, si no se llegase a “la mejor solución”, por lo menos, sería una buena aproximación.
En diversas ocasiones he diseñado proyectos para clientes que tienen criterio y resulta innegable que así es, sin embargo, muchas de esas veces se trata de uno propio y basado en el gusto personal. ¿Significa esto que no podemos fiarnos del gusto personal? No exactamente, este concepto está formado (en parte) por experiencias y costumbres, por ciertas reglas y normas no escritas y patrones que forman parte de nuestra vida diaria; por ejemplo, si fuésemos a diseñar un cartel para una fiesta, el gusto personal (y el sentido común) elegirían casi en un 100% de las veces un cartel vibrante y colorido frente a uno monocromático. Y esto probablemente sería correcto.
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Pero diseñar no es imponer gustos personales, es leer el contexto.
En el diseño existe el público, el mensaje, el momento, el canal.
Un diseñador tiene el gusto personal “entrenado”, e incluso podemos decir que tiene un criterio profesional más certero. Conoce estos patrones y reglas no escritas, ha experimentado mil combinaciones y ha aprendido cómo hacer juicios cimentados. Llegado el momento, sabe discernir qué es gusto personal y qué es una decisión justificable.
Un diseño es exitoso cuando nadie, observando el resultado final, se plantea qué debería ser diferente para lograr un mejor efecto. Si nadie nota nada raro… probablemente funciona bien. El diseño debe estar al servicio del mensaje, no del ego del diseñador (o el cliente), debe tener en cuenta al público, debe corresponder al tiempo, al medio; debe fundamentarse.
Robert L. Peters, diseñador gráfico canadiense que se involucraba activamente en la educación formativa de este campo, afirmaba lo siguiente:
Design is the application of intent – the opposite of happenstance, and an antidote to accident. El diseño es la aplicación del intento, lo contrario del evento fortuito, y un antídoto para el accidente. Robert L. Peters (1954-2023)
Esto nos inspira a entender al diseñador como un practicante, un profesional entrenado en el arte visual. Un buen diseño no ocurre sin más, no es un conjunto de “esto se ve bien así”, es un proceso de elección consciente.
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Diseñar es responsabilidad, es tomar decisiones con impacto. Es saber que, aunque el público no vea el proceso de elección y descarte, de prueba y error, de descubrimiento y análisis, de aplicación y seguimiento, todo ello importa.
Muchos diseños pasan desapercibidos cada día, (igual que muchas decisiones que las personas tomamos consciente e inconscientemente cada minuto de nuestra vida). Pero, igual que las decisiones cuestionables y desastrosas que tomamos de vez en cuando, sólo los malos diseños salen a relucir para ser criticados por el público. Los buenos diseños, como las buenas decisiones, son meras anécdotas que nos construyen como personas (o diseñadores) para fortalecer nuestro buen criterio y servir de ejemplo (o envidia) a los demás.
Y allá donde haya un diseño magnífico, nos encontraremos de frente con el “wow”, con el “cómo lo hizo”, con el “qué brillante idea”. Hasta que entendamos que se trata de un proceso, que diseñar no es una solución mágica o una casualidad, es esfuerzo, es trabajo. Diseñar es decidir.
Hasta aquí por hoy, Dranglers. Kleur y yo debemos seguir fluyendo con las nuevas decisiones tomadas. ¿Qué nos deparará el futuro? ¿Se tratará de un wow o de un tremendo aprendizaje? ¡Sólo el tiempo lo sabe!
Ahora me encantaría leeros a vosotros. ¿Qué decisiones os han llevado hasta dónde estáis? ¿Qué diseño recordáis como wow?
Os invito a dejar vuestro comentario y a construir juntos esta comunidad de ideas.
Si estás leyendo esto, ya formas parte de mi pequeña comunidad de Dranglers. ¿Qué significa? Que eres como Kleur, ¡mi compañero creativo! Así que disponte a crear mundos iridiscentes, ¡si puedes soñarlo, puedes diseñarlo!
Nos leemos en el próximo post… Drangl y hasta la próxima.
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